¿Son los hombres y las mujeres igual de emocionales?

En un blog anterior, discutí por qué algunas personas parecen carecer de empatía. La respuesta corta es que la empatía (sentirse angustiado al ver el dolor de otra persona) puede ser agotador y llevar al agotamiento, por lo que algunas personas se las arreglan alejándose de los que están sufriendo. También informé sobre los resultados intrigantes de un estudio que mostró que la compasión puede ser entrenada como una estrategia de afrontamiento altamente efectiva para superar la angustia empática y fortalecer la resiliencia. En lugar de sentirse abrumado por el sufrimiento de los demás (como sucede en la empatía), la compasión le permite a uno sentir preocupación por el sufrimiento de otra persona. Esto nos libera para ofrecer ayuda eficazmente y obtener paz y satisfacción de actuar para reducir el sufrimiento de los demás.

En ese estudio, sin embargo, todos los participantes eran mujeres. Eso podría llevar al lector inquisitivo a preguntarse por qué los investigadores eligieron excluir a los hombres y si los resultados también se aplican a los hombres.

¿Los hombres y las mujeres sienten igual empatía?

Si bien esto parece una pregunta directa, la respuesta es no. Innumerables estudios se han llevado a cabo para abordar esta cuestión, con resultados contradictorios. Por ejemplo, un estudio siguió el desarrollo social de más de 500 niños y niñas adolescentes durante seis años. Las medidas que analizaron incluyeron la preocupación empática y la capacidad de ver las situaciones emocionales desde la perspectiva de otra persona. Las niñas superaron a los niños en ambas medidas.

De esto podemos concluir que las mujeres son de hecho más empáticas que los niños. Pero la dificultad es que este estudio (como la mayoría de los estudios sobre empatía) se basó en el autoinforme: los participantes simplemente informaron cuán angustiados se sentían o cuán fácil o difícil era ver las cosas desde la perspectiva de la otra persona. Sin embargo, cuando se toman medidas fisiológicas, estas diferencias sexuales tienden a desaparecer. Por ejemplo, en otro estudio, los adolescentes masculinos y femeninos dieron autoinformes y tomaron varias medidas fisiológicas mientras veían clips animados que mostraban a personas heridas. Las participantes femeninas puntuaron más alto que los hombres en la empatía autoinformada, y esta diferencia de sexo aumentó con la edad. Pero no se detectaron diferencias de sexo en la presión arterial, la frecuencia cardíaca o la dilatación de la pupila, todas ellas medidas de receptividad emocional. Estos resultados sugieren que los hombres y las mujeres sienten lo mismo, pero informan lo que sienten de manera diferente.

Sin embargo, hay más acuerdo científico con respecto a las diferencias de sexo en la forma en que se procesan las emociones. Varios estudios han informado que hombres y mujeres reclutan diferentes neurocircuitos cuando procesan y "disminuyen la regulación" (embotamiento) de las emociones.

Un estudio reciente dirigido por el Dr. Yoshiya Moriguchi del Instituto Nacional de Salud Mental muestra esto con bastante claridad.

Los hombres adultos (n = 17) y las mujeres (n = 17) vieron imágenes que típicamente generan fuertes reacciones emocionales positivas o negativas. Al ver las imágenes, calificaron sus sensaciones de excitación subjetiva de momento a momento y se sometieron a escáneres cerebrales fMRI.

Los resultados mostraron con bastante claridad que los hombres y las mujeres no diferían en general en su intensidad de las reacciones emocionales de momento a momento a las imágenes. Pero los circuitos neuronales reclutados durante el procesamiento de emociones difieren entre los sexos. Las mujeres mostraron actividad neuronal en la corteza de la ínsula anterior, que procesa las sensaciones corporales. Esto significa que experimentaron emociones profundamente dentro de sus cuerpos. Los hombres, por otro lado, mostraron respuestas neurales en la corteza visual. Al procesar estas imágenes, los cerebros masculinos activaron inmediatamente el circuito involucrado en la regulación de los cambios de atención al mundo (es decir, la corteza insular anterior dorsal y la corteza cingulada anterior dorsal). Esto les permitió cambiar el impacto emocional de las imágenes lejos de ellos mismos.

¿Es este cambio automático de impacto emocional lejos de uno mismo adaptativo? Bueno, eso depende. Por un lado, las mujeres corren el riesgo de abrumarse emocionalmente y agotarse si experimentan angustia una y otra vez al ver a otras personas en apuros. Por lo tanto, distanciarse del dolor ajeno puede ser adaptativo para el bienestar mental y emocional. Por otro lado, tal distanciamiento también le permite a uno ignorar el dolor de otros o infligir libremente tal dolor con poca angustia a sí mismo. Tal distanciamiento puede ser adaptativo para el combate, la tortura o la crueldad, pero puede resultar problemático para el desarrollo de las competencias prosociales.

En cualquier caso, esta investigación sugiere que el entrenamiento de compasión está garantizado para ambos sexos. Tal entrenamiento permite que ambos sexos aprendan a desengancharse de una manera que fomente la acción benevolente en lugar de sucumbir a abrumar o recurrir a una disociación indiferente.

Copyright Dr. Denise Cummins 24 de junio de 2014

El Dr. Cummins es psicólogo investigador, miembro de la Asociación de Ciencias Psicológicas y autor de Good Thinking: Siete ideas poderosas que influyen en nuestra forma de pensar.

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