¿Nuestros Seres siempre viajan con nosotros?

Te despiertas por la mañana. Lo primero que te das cuenta es que eres tú mismo quien acaba de despertar. Se siente cansado y está seguro de que es usted, usted mismo, cansado y que no durmió bien. Luego te levantas y te miras al espejo. Ves una cara, sientes y sabes que es tu cara, la cara de ti mismo. ¿Cómo sabemos con certeza que somos nosotros, nosotros mismos y no el yo de otra persona? Este sentimiento y conocimiento de ser uno mismo es aún más misterioso dado el hecho de que cambiamos con el tiempo. Nuestro cuerpo cambia, nuestra cara se arruga, nuestra piel cambia de color, nuestro cabello se vuelve gris, etc. A pesar de todos estos cambios, aún sentimos y sabemos que todavía eres tú.

¿De dónde viene el yo? La discusión sobre el origen del yo tiene una larga tradición que se adentra profundamente en la filosofía. Los filósofos de comienzos del siglo XVIII como David Hume sugirieron que el ser no es para nada especial, sino una mera colección o conjunto de diferentes estímulos. Esto fue contradicho por su sucesor, el famoso filósofo alemán Immanuel Kant que "ubicó" al yo en nuestras funciones cognitivas, por ejemplo, la razón, como dijo en su época. Otros filósofos como el aún más temprano filósofo francés Rene Descartes asociaron el yo con una mente que se distingue del cuerpo, incluido el cerebro.

¿Existe el yo en la mente? Los filósofos del día actual argumentan que la suposición de que el yo es una entidad mental separada no es más que una ilusión del cerebro. Por lo tanto, algunos incluso van tan lejos como para negar que exista algo como un yo. Sin embargo, eso contradice nuestra experiencia diaria. Sentimos y experimentamos un ser, un sentido del yo, como uno puede querer decir. ¿De dónde viene ese sentido del yo? El cerebro es obviamente un fuerte candidato en un momento en el que todo, incluidos los sentimientos religiosos y las decisiones políticas, se remonta al cerebro. ¿No es el yo más que el cerebro?

En mi último blog, discutí cómo los eventos de vida ambiental o mejor traumáticos están codificados en el estado de reposo de nuestro cerebro o actividad espontánea. Esto sugiere que el yo está algo presente en la actividad espontánea de nuestro cerebro. Esto conlleva importantes implicaciones. Mientras haya actividad espontánea en el cerebro, hay un yo, al menos un sentido del yo. ¿Está el yo realmente codificado y contenido en la actividad espontánea de nuestro cerebro?

Estudios previos mostraron que los estímulos personalmente relevantes se procesan principalmente en regiones del medio del cerebro, las llamadas estructuras de la línea media cortical (Northoff y Bermpohl 2004, Northoff et al. 2006). Lo más interesante es que las mismas regiones también muestran altos niveles de actividad en el estado de reposo y, por lo tanto, actividad espontánea. ¿Cómo podemos demostrar que la actividad espontánea en las regiones de la línea media codifica la relevancia personal o la auto relación?

Un estudio reciente de nuestro grupo (Bai et al., 2015) evaluó si la actividad espontánea predice el grado de relevancia personal o auto relación que los sujetos atribuyen a los estímulos emocionales. Todos los sujetos con estímulos emocionales evaluados como altamente relacionados con sí mismos se compararon con aquellos que evaluaron como poco auto-relacionados. Al medir la actividad eléctrica usando la electroencefalografía (EEG), buscamos cambios en la actividad neuronal antes de la aparición de los estímulos que se clasificaron como altos y bajos autorelacionados.

Lo más interesante es que observamos que el poder antes del inicio del estímulo, por ejemplo, el período de preestímulo en un rango de frecuencia particular, alfa (8-12 Hz) fue particularmente alto cuando los sujetos asignaron una alta relevancia personal al estímulo. Por el contrario, el poder pre-estímulo fue bastante bajo en los estímulos que los sujetos evaluaron como poco auto-relacionados. Esto sugiere que las fluctuaciones de frecuencia en el rango de 8-12Hz en la actividad espontánea codifican y contienen alguna información personalmente relevante o autorelacionada.

Estos resultados muestran que la actividad espontánea parece codificar o contener información personalmente relevante. No está claro cómo se codifica esa información y por qué la actividad espontánea es aparentemente muy sensible a la información especialmente relacionada con uno mismo. Lo que está claro es que esa codificación y contención de la auto relación en la actividad espontánea de nuestro cerebro implica que nuestro yo siempre está con nosotros. De la misma manera que nuestro cerebro y su actividad espontánea están siempre con nosotros, nuestro yo está con nosotros. No hay forma de que podamos separarnos de nosotros mismos y dejarlo atrás, como por ejemplo cuando nos movemos de una casa o continente a otro. No podemos dejarnos atrás como una vieja maleta. ¿Por qué? Nuestro cerebro se codifica a nosotros mismos y sin nuestro cerebro y su actividad espontánea no podríamos viajar (ni existir) en absoluto. De ahora en adelante, incluso si a veces nos gustaría separarnos de nosotros mismos, nuestro yo, sin embargo, siempre viaja con nosotros.

¿Qué implica esto para nuestro concepto de uno mismo? ¿Está el yo localizado en la mente? ¿Es el yo la mente? ¿O el yo es el cerebro? Eso será discutido en el próximo blog.

Referencias

Northoff G, Bermpohl F. (2004). Estructuras de la línea media cortical y el yo. Tendencias Cogn Sci. 8 (3): 102-7.

Northoff G, Heinzel A, de Greck M, Bermpohl F, Dobrowolny H, Panksepp J. (2006). Procesamiento autorreferencial en nuestro cerebro: un metanálisis de estudios de imágenes sobre uno mismo. Neuroimagen. 31 (1): 440-57.

Bai Y, Nakao T, Xu J, Qin P, Chaves P, Heinzel A, Duncan N, Lane T, Yen NS, Tsai SY, Northoff G. (2015). El glutamato en estado de reposo predice una elevación del preestímulo alfa durante la auto relación: un estudio combinado de EEG-MRS sobre la "superposición de reposo-sí mismo". Soc Neurosci. 21: 1-15.

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