Naturaleza versus Nutrición: Dónde estamos en 2017

Nota: Esta publicación se ha adaptado de una versión publicada en Pediatric News.

La cuestión de si el comportamiento humano es impulsado por fuerzas biológicas innatas o el producto de nuestro aprendizaje y el medio ambiente ha sido una discusión popular en los cócteles y conferencias científicas durante muchos años. Para muchas personas, la longevidad de este debate sugiere que en realidad no hemos aprendido tanto. En realidad, sin embargo, una tremenda cantidad de avances científicos han mejorado drásticamente nuestro nivel de comprensión. La esperanza de este post es ofrecer una breve descripción de cómo la respuesta a esta pregunta se ha trasladado a su estado actual de conocimiento. Si bien es cierto que es una simplificación excesiva, una forma útil de seguir el progreso en el debate de la naturaleza y la crianza es dividir la evolución de nuestra comprensión en tres estados principales.

Parte 1: Naturaleza versus Nutrición

Los orígenes del debate sobre la naturaleza versus la crianza se remontan a miles de años y en muchas culturas. El filósofo griego Galen teorizó que los rasgos de personalidad eran el resultado de las concentraciones relativas de una persona de cuatro fluidos corporales, o humores, a saber, sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. El término real nature-nurture proviene de la publicación de Sir Francis Galton en 1874 de English Men of Science: Their Nature and Nurture, en la que argumentaba que la inteligencia y los rasgos de carácter provenían de factores hereditarios (esto era mucho antes de la ciencia moderna de la genética). Sus creencias estaban en clara oposición a los estudiosos anteriores, como el filósofo John Locke, que es bien conocido por la teoría de que los niños nacen como una "pizarra en blanco" con sus rasgos que se desarrollan completamente a partir de la experiencia y el aprendizaje.

Avance rápido al siglo 20, este debate continuó en términos muy similares. Durante la mayor parte de la década de 1900, las dos escuelas de pensamiento dominantes con respecto al comportamiento humano y los síntomas psiquiátricos fueron el conductismo, que enfatizaba la importancia de los principios de aprendizaje en la formación del comportamiento, y el psicoanálisis, desarrollado a partir de las ideas de Sigmund Freud y centrado en formas en que los impulsos sexuales y agresivos inconscientes se canalizaban a través de diversos mecanismos de defensa. A pesar de que estas dos perspectivas a menudo se oponían ferozmente, ambas compartían la opinión de que el medio ambiente y las experiencias únicas de una persona, es decir, la crianza, eran las fuerzas predominantes en el desarrollo.

Parte 2: Naturaleza y Nutrición

Desde aproximadamente la década de 1970 hasta el final del siglo XX, se produjo un cambio notable cuando el conocimiento directo del cerebro y la genética comenzó a hacer que el péndulo volviera a una mayor apreciación de la naturaleza como una influencia crítica en los pensamientos, sentimientos y comportamiento de una persona. El Proyecto del Genoma Humano se lanzó en 1990 y toda la década fue designada como la "Década del Cerebro". La investigación en neurociencias estalló y surgieron muchas nuevas medicaciones psiquiátricas que se usaron mucho más comúnmente que nunca.

También durante este tiempo, el tipo de diseño de investigación que tenía la relevancia más directa para las preguntas de naturaleza-crianza se hizo popular. Este fue el estudio de gemelos, que permitió a los investigadores calcular directamente el grado en que una variable de interés (inteligencia, altura, nivel de ansiedad, etc.) podría atribuirse a factores genéticos o ambientales. Al hacer esto, un hallazgo repetido en lo que respecta a las variables de comportamiento fue que las influencias tanto genéticas como ambientales fueron importantes, a menudo a una división cercana al 50/50 en términos de magnitud.

Este tipo de estudios, combinado con otros, hizo cada vez más difícil argumentar a favor de la abrumadora supremacía de la naturaleza o la crianza como el principal impulsor de los rasgos de conducta y los trastornos. Sin embargo, aunque muchos expertos tendrían ahora que reconocer la importancia de la naturaleza y la crianza, los dos mundos generalmente se trataron como bastante independientes. Por ejemplo, términos como "depresión endógena" se emplearon para diferenciar las personas que tenían síntomas depresivos de los que se suponía que eran factores biológicos de funcionamiento más autónomo de aquellos cuya depresión era consecuencia de causas "psicológicas", recomendando diferentes tratamientos basados ​​en esa determinación . Mirando hacia atrás, lo que ahora aparece como el defecto fatal en esta perspectiva fue la suposición de que si algo estaba basado en el cerebro o era "biológico", implicaba una especie de cableado automático del cerebro que generalmente estaba impulsado por genes y más allá del alcance de los factores ambientales.

Parte 3: La naturaleza es nutritiva (y viceversa)

Hoy en día, la mayoría de los científicos que examinan cuidadosamente la base de investigación en constante expansión han llegado a apreciar que la naturaleza y los dominios de crianza están irremediablemente entrelazados el uno con el otro. Los genes tienen una influencia en los entornos que experimentamos. Al mismo tiempo, el entorno y la experiencia de una persona pueden cambiar directamente el nivel en el que se expresan ciertos genes (un área de investigación en rápida evolución llamada epigenética), que a su vez altera la estructura física y la actividad del cerebro.

Dado este entendimiento moderno, la cuestión de la naturaleza frente a la crianza deja de tener sentido de muchas maneras. Como ejemplo, considere la vía de desarrollo que un niño de 10 años podría haber tomado para eventualmente presentarle a un profesional de la salud mental altos niveles de comportamiento agresivo. Puede haber heredado una predisposición temperamental genéticamente basada en ser agresivo. Cuando era un niño pequeño, esa tendencia a volverse irritable y enojado a menudo provocaba más respuestas negativas en otras personas, como los padres, quienes a su vez pueden tener dificultades para controlar su propio enojo. Estas interacciones comienzan a crecer como una bola de nieve, afectando su trabajo escolar y amistades y, a través de mecanismos epigenéticos, todas estas experiencias hacen que el cerebro de este niño crezca de manera diferente.

Sin embargo, también hay un mensaje de esperanza en este ejemplo, ya que la apreciación de estos complicados factores genéticos y ambientales que interactúan nos da muchos lugares en este ciclo para intervenir y detener esta progresión e incluso cambiar la dirección del impulso. Ahora, entendemos que los medicamentos no solo son tratamientos biológicos sino también psicoterapia, orientación para padres, prácticas de atención plena, ejercicio y buenos hábitos alimenticios.

Al final, cuando las familias de niños como este me preguntan si las luchas de sus hijos son conductuales o psicológicas, la mejor respuesta que les puedo dar en estos días es "sí".

@copyright por David Rettew, MD

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