Los mitos sobre el cerebro adolescente

Los adolescentes son irracionales, impulsivos y toman malas decisiones. Pero es esto cierto?

Las habilidades cognitivas (memoria de trabajo, espacio de dígitos y fluidez verbal) parecen estar completamente desarrolladas a los 16 o 17 años. Las habilidades sociales y emocionales deben desarrollarse para alcanzar la edad adulta prosocial. Sin embargo, todos saben que los adolescentes (considerados entre los 13 y los 17 años de edad) son irracionales, toman malas decisiones y toman riesgos innecesarios. Pero es esto cierto?

El cerebro adolescente

Por lo general, pensamos que los adolescentes son irracionales y tienen dificultades para tomar buenas decisiones o que no tienen autocontrol. Sin embargo, esto no es del todo cierto. De hecho, los cerebros adolescentes pueden actuar como adultos en ciertas tareas de toma de decisiones, pero los adolescentes parecen estar muy influenciados por el contexto, en comparación con los adultos o incluso los niños.

En una tarea que requería autocontrol del ejercicio, los adolescentes se desempeñaban notablemente peor que los adultos cuando estas tareas se encontraban en contextos emocionales, esto es cuando las decisiones tenían que tomarse rápidamente y en el calor del momento. La investigación sugiere que esto podría deberse al hecho de que los circuitos involucrados en la motivación y las emociones se desarrollan antes que los de la corteza prefrontal, la región del cerebro que está a cargo del control. Las conexiones entre estas diferentes áreas se fortalecen más adelante en la vida, alcanzando la plena madurez en la edad adulta.

Durante la realización de esta tarea, los investigadores observaron mediante imágenes cerebrales que había una mayor actividad del estriado ventral, una región del cerebro involucrada en el procesamiento de la recompensa, mientras que la región encargada del procesamiento de control, la corteza prefrontal, parecía ser mucho menos activa.

Otra tarea de toma de decisiones en la que los adolescentes fallaron fue la tarea Stoplight : estás conduciendo y te encuentras con un semáforo que cambia a amarillo, ¿aceleras para avanzar o disminuyes la velocidad para detenerte? Los adolescentes se desempeñaron tan bien como los adultos cuando estaban haciendo el examen por su cuenta, eligiendo la opción menos riesgosa. Sin embargo, cuando fueron observados por sus compañeros, más a menudo decidieron acelerar y tratar de atravesar la luz antes de que esto se pusiera rojo. Fue la presión de los compañeros lo que les hizo tomar mayores riesgos.

Algunos estudios muestran la tendencia de los adolescentes a abrazar la amenaza en lugar de evitarla. Además, los adolescentes parecen anhelar la aprobación de los compañeros y presionados por la presión de los compañeros, lo que puede explicar por qué los delincuentes adolescentes tienden a estar en grupos en lugar de actuar solos.

La importancia de tener un cerebro adulto

Los investigadores, que utilizan diferentes pruebas como las mencionadas anteriormente, concluyen que la madurez del rendimiento se alcanza más bien a una edad más avanzada, 21 o 22 años, que es lo que hoy en día en los EE. UU. Se considera lo suficientemente mayor como para realizar ciertas actividades como beber. Sin embargo, otras actividades importantes como conducir y votar se permiten a una edad más temprana, en la cual la madurez neurológica aún puede estar en construcción. Sin embargo, estos patrones se encuentran no solo en la juventud estadounidense, sino en otros países del mundo, lo que sugiere que tiene componentes biológicos, como la genética, y no es puramente cultural.

Los adolescentes, al igual que los adultos, son todos diferentes y algunos enfrentarán más problemas para adaptarse que otros, tomar mejores decisiones o ejercer el autocontrol. Sin embargo, la investigación sobre el cerebro de los adolescentes es necesaria, ya que establecer la madurez del cerebro es crucial para diseñar políticas y determinar cuándo el cerebro humano tiene capacidad cognitiva para ser responsable de sus propias acciones y las consecuencias que conllevan.

Referencias

J., B., y Caudle, K. (2013). El cerebro adolescente: autocontrol. Direcciones actuales en la ciencia psicológica, 22 (2), 82-87. https://doi.org/10.1177/0963721413480170

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