La autoestima de nuestro hijo: ¿cuándo deberíamos preocuparnos?

Los recientes desafíos al culto al talento y la precocidad destacan la efectividad del trabajo duro y la práctica. Carol Dweck ve la clave del éxito como una mentalidad en la que los desafíos se disfrutan, en lugar de evitarse. Daniel Coyle describe los cambios neurológicos provocados por la práctica; el cerebro cambia y adquiere habilidades a medida que trabajamos para desarrollar habilidades. Por supuesto, durante generaciones, los padres y maestros han enfatizado el trabajo duro en lugar del talento natural. Los padres alientan a sus hijos a apuntar alto, y pueden tratar de aumentar sus espíritus y mantener sus esfuerzos "hablando". Muchos padres se sienten ansiosos cuando un niño es autocrítico y se define a sí mismo como "mucho menos bueno" en algo que sus compañeros. ¿Está justificada esta ansiedad?

A menudo es difícil medir la confianza en los niños porque la autoestima no es simplemente alta o baja. En la infancia, sufre cambios diarios en la forma y la intensidad, que varían con la familiaridad del entorno, la tarea en cuestión, las actitudes de las personas que lo rodean.
Hasta aproximadamente las 10, la vida cotidiana de los niños está repleta de descubrimientos sobre sus habilidades, sus poderes y limitaciones. Se sienten confiados en una situación, pero no en otra. Ellos tienen el control cuando suena el timbre de la escuela, pero pierden la confianza cuando alguien llega tarde para recogerlos en la puerta de la escuela. Los adultos generalmente solo sufren tales cambios en momentos de convulsión social.

No existe un método seguro para evaluar la autoestima ni medir hasta qué punto falta. En abstracto, un niño puede declararse con confianza, digamos, en matemáticas, pero se congela cuando el maestro la invita a trabajar en un nuevo tipo de pregunta. Algunos niños se jactan de ser el próximo David Beckham, pero no se sienten lo suficientemente seguros como para unirse a un juego. Los sueños no sirven de nada, a menos que brinden apoyo día a día.
Si se les pregunta directamente si creen que pueden hacer algo, o si "se quieren como a sí mismos", los niños pueden hablar con una confianza que realmente no se siente: aprenden rápidamente que no deben desilusionarse.

Entonces, ¿cómo pueden los padres juzgar la autoestima de un niño? Algunas de las señales de peligro son bastante obvias: una niña que constantemente hace comentarios despectivos sobre sí misma, expresa un deseo de morir o habla pesimísticamente sobre su futuro, expresa desesperación sobre su propia imagen. Pero también hay señales de peligro menos obvias, que a menudo implican falta de energía o interés en el mundo. Un niño con alta autoestima es curioso, deseoso de saber y confiado en su capacidad de comprensión. Alguien que regala poca información personal puede ser reservado, pero puede sentir que no tiene nada interesante que decir. Un niño que llora frecuentemente cuando se enfrenta con tareas nuevas o difíciles es probable que anticipe su propio fracaso y se preocupe por sus propias habilidades. Quien actúa impulsivamente o se comporta de manera inconsistente puede creer que no tiene control sobre el resultado de sus acciones. Nada es más importante en la construcción de la autoestima que la sensación de ser efectivo; nada lo derriba tanto como una sensación de impotencia. La autoestima es importante porque sin ella, los niños sienten que no tiene sentido hacer el trabajo duro que crea habilidades y habilidades.

Los padres pueden ayudar. En primer lugar, pueden escuchar, comprender lo que dice el niño y aceptar sus propias declaraciones sobre cómo se siente y qué piensa. Pueden ayudarla a encontrar formas (aceptables) de expresar sus emociones, ya sea de alegría o tristeza. La aceptación de sus propias emociones y la conciencia del deseo genuino de sus padres de comprender son fundamentos importantes de la autoestima. En segundo lugar, los padres pueden aliviar la ansiedad sobre el rendimiento al mostrar al niño que sí tiene poder para ampliar sus habilidades y conocimientos. El mensaje importante es que las capacidades y el comportamiento de uno pueden mejorar con esfuerzo. Si un niño tiene problemas en un examen, ¿qué razones da? ¿Ella dice: "Soy estúpido / no soy bueno en esto?" O ¿ella dice: "No me preparé lo suficiente / no me controlé"? Las primeras respuestas muestran una creencia en el fracaso como permanente e inevitable. El segundo muestra que ella ve alguna forma de mejorar su desempeño.

También es aconsejable estar atento a lo que ella dice cuando lo hace bien. Si ella dice: "Fue fácil / tuve suerte", incluso la experiencia de éxito no genera confianza porque no la vincula con sus propios esfuerzos. Los niños con alta autoestima no necesariamente experimentan menos fracasos que aquellos con baja autoestima, pero a diferencia de estos últimos, ven cómo pueden mejorar. En tercer lugar, los padres pueden fomentar la confianza al moderar su propia ansiedad sobre el rendimiento. La intensa participación que los padres suelen tener con el "éxito" de un niño puede provocar enojo y frustración ante el "fracaso" de brillar. A veces, también, la propia infelicidad o el estrés de un padre bloquea el interés en el complejo mundo interno de un niño. Ser ignorado puede hacer que un niño sienta que no tiene nada que ofrecerle.
Si bien la autoestima puede reforzarse de varias maneras: por amigos, hermanos, maestros, incluso mascotas, los padres suelen ser los más rápidos para responder a las necesidades, y por eso son los primeros en recibir las instrucciones de los expertos. Pero los padres no tienen que tener el control perfecto de sus propias vidas para ayudar a sus hijos a mantener la autoestima. Incluso si su propia autoestima sufre los altibajos de la vida adulta, conservan la capacidad de apoyar a los niños, la autoestima implica aprender a sobrevivir en medio de los problemas.

The Confident Child, de Terri Apter, es ganadora del premio internacional de educador Delta Kappa Gamma

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