La agonía de la victoria y la derrota de la comunicación sana


Amber le había estado dando a su madre el tratamiento silencioso toda la semana. Estaba enojada por no poder dormir en la casa de un amigo. El jueves por la noche, dejó una nota en la almohada de su madre y le pidió a su madre que se lave el uniforme antes del partido de fútbol del viernes. Cuando Amber regresó a casa de la escuela el viernes, apurada por empacar sus cosas, buscó su uniforme. Finalmente la encontró en la lavadora, perfectamente limpia, según su petición, ¡pero todavía empapada! Amber llegó tarde a su juego y se vio obligada a subir al banco.

Cuando todo estuvo sin decir y hecho, la madre de Amber se sintió derrotada. Al haber subido un poco a su hija en el conflicto, le quedó claro que había perdido al ganar. Como padres, la mayoría de nosotros hemos estado en situaciones en las que viajar por la carretera es irresistible y nos volvemos temporalmente imprudentes en nuestra conducción. Pero cada vez que reflejamos el comportamiento deficiente de un niño en lugar de modelar una forma más sana de comportarnos, nuestras victorias se suman al daño de la relación a largo plazo y las hostilidades duraderas.

¿Qué podría haber hecho la madre de Amber de otra manera en esta confrontación hostil? ¿Qué puede hacer un padre para evitar la agonía de la victoria y la derrota de una comunicación sana? Las siguientes pautas ofrecen a los padres estrategias para mantener la calma en una tormenta pasiva agresiva y responder de manera que sientan las bases para relaciones menos conflictivas con sus hijos.

1. Sepa lo que está tratando con

El tratamiento silencioso de Amber es un ejemplo clásico de comportamiento agresivo pasivo. En The Angry Smile: La psicología del comportamiento agresivo pasivo en familias, escuelas y lugares de trabajo, segunda edición, los autores Long, Long y Whitson definen la agresión pasiva como una forma deliberada y enmascarada de expresar sentimientos de ira. En las mujeres jóvenes, las conductas agresivas pasivas comunes incluyen:

  • Negar verbalmente los sentimientos de enojo ("¡Estoy bien, lo que sea!")
  • Verbalmente cumpliendo, pero demorando el comportamiento ("Limpiaré mi habitación después del fútbol").
  • Cerrar conversaciones ("Bien" y "Lo que sea")
  • Intencional ineficiencia ("Yo hice mi cama. ¡No sabía que querías decir que todas las mantas tenían que levantarse!")
  • "Olvidar" o "extraviar" elementos importantes ("No sé dónde están las llaves de su auto").
  • Evitar la responsabilidad por las tareas ("No sabía que tu querías que lo hiciera. ¡Dejando los platos limpios es su tarea!")

¡Los padres que están familiarizados con estos patrones típicos pueden responder directamente a la ira subyacente de sus hijos y evitar comportarse de manera contra-pasiva agresiva!

2. Consulte el espejo en la pared

Las personas pasivas y agresivas dominan el encubrimiento de su enojo, y son expertas en conseguir que otros desprevenidos lo representen de dos maneras. Muchos responden con un estallido de ira y frustración: gritar, mover los dedos, amenazar con castigar, y luego sentirse culpables y avergonzados por haber perdido el control. Otros mantienen la tensión baja, pero aumentan el fuego en el conflicto hirviendo reflejando la agresión pasiva. Cuando la madre de Amber dejó deliberadamente el uniforme de fútbol en la lavadora, reflejó la ira que Amber había sentido toda la semana. Además, su agresión contra-pasiva aseguraba que la ira entre madre e hija perdurara, se pudriría y se volvería más intensa con el tiempo en su forma enterrada y sin abordar.

El segundo paso para enfrentar efectivamente la agresión pasiva es negarse a representar la ira de la otra persona. ¡Ayudar a Amber a aprender a honrar su voz y expresar su enojo directamente es una de las oportunidades de crianza más valiosas de esta madre!

3. Di sí a la ira

La ira es una parte básica, espontánea, neurofisiológica de la condición humana. Como tal, no es ni bueno ni malo. Simplemente es. Con demasiada frecuencia, las jóvenes son sometidas a un estándar social poco realista sobre lo que se necesita para ser "bueno". Desde muy temprana edad, comienzan a asociar sentimientos de enojo con ser malos. Al igual que Amber, nuestras hijas perciben la ira como un tabú y toman medidas para reprimir los sentimientos de enojo.

Cuando los padres enseñan a sus hijos a decir "sí" a la presencia de la ira y "no" a la expresión de la ira a través de conductas agresivas agresivas o pasivas, crean la base para una inteligencia emocional permanente y relaciones sólidas.

4. Sé el cambio que quieres ver

Cada vez que se responde a la conducta pasiva agresiva con una respuesta agresiva contra-pasiva espejada, se refuerzan los medios ocultos de expresar la ira y se pierde la oportunidad de expresión emocional directa. Por otro lado, cada vez que se confronta asertivamente el comportamiento agresivo pasivo, la ira oculta se debilita.

La manera más efectiva para que los niños aprendan a reconocer y aceptar los sentimientos de enojo es imitarlos a diario. Como padres, esto puede ser un verdadero desafío ya que también nosotros podríamos haber enfrentado fuerzas de socialización estrictas con respecto a la expresión de nuestra ira. Sin embargo, nunca es demasiado tarde para aprender a expresar la ira de una manera emocionalmente honesta y directa, ¡y lo que está en juego nunca ha sido tan grande!

5. Permitirlo! ¡Tolerarlo! Anímalo, incluso!

El ángulo esencial final para enfrentar el comportamiento agresivo pasivo en nuestros niños es nuestra disposición a recibir su ira cuando prueban su nueva voz. Si vas a guiar a tu hijo para que sea más abierto y directo con su enojo, entonces también debes estar dispuesto a aceptar su enojo cuando lo expresa. Para muchos, esto es realmente difícil. ¡Pero para que se produzca un cambio duradero para los jóvenes, deben saber que la expresión asertiva de su ira será tolerada, respetada e incluso honrada!

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